El Ser humano y su ángel
Oh, si supieras cómo se transforma tu rostro cuando la mirada pura y serena que nos une se desvía y me desconoce.
Como un paisaje bañado por el sol se nubla al instante; una sombra nos separa y yo espero. Espero en silencio, a veces largamente.
Si fuera humano como tú, me destrozaría el dolor por el amor que desdeñaste.
Mas el Padre me dio paciencia infinita y esperó inmutable la hora de tu llegada.
No sientas cual reproche mis palabras.
Sólo tómalas como un casto mensaje.
Autor: Rudolf Meyer
Nº de páginas: 66
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